lunes, 1 de abril de 2013

LA TORMENTA QUE SE TRAGÓ A PACO “LETE”

Aquella tarde de julio del 82, debió ser la más calurosa de la historia de las tardes  calurosas, la chicharrera que nos caía M30 abajo, camino del Calderón, era tal que los cuatro que ocupábamos el 124 amarillo (Dani, Bobi, Paco y un servidor) sudábamos como si no costase. Pero tampoco es que nos preocupara demasiado, nuestra atención se centraba en currarnos unos cuantos “cigarritos” porque luego y con todo el follón, cualquiera se pone a liarse el “picao”.  A Paco Lete (le doy como apellido su mote), y es que no comprendo cómo se puede seguir llamando colegas a mamonazos que te ponen ese apodo, y que conste que cuando yo me incorporé a esta panda de cabrones ya le habían bautizado, ante mi insistencia de cambiar de hábitos y llamarle solo Paco y olvidarnos de lo de “Lete” me aseguraban que no era tan sencillo; que si ahora ir al registr un montón de papeles, que si pedir permiso al Papa, (que no era tan fácil y que incluso a él, le molaba, crueles coño). Bueno a lo que iba, su máxima obsesión (la de Lete, digo Paco) era una noticia que no sabía si la había leído en el Popular 1, visto en Popgrama o se lo había contado su primo, el caso es que decían que los Rolling llevaban un montón de años sin tocar Angie en sus conciertos, y cierto que era...”Qué putada colega es la que más me mola” se lamentaba mientras daba un lametazo al papelillo de su enésimo “may”.

Deberían ser las cuatro de la tarde cuando llegábamos al estadio, lo que fue una ventaja para  no esperar nada al entrar (los Rolling estaban previstos para las nueve). Nos acomodamos en el fondo sur, a más de cien metros del escenario: “cuando empiecen los Stone nos acercamos más” nos dijimos. Daba la sombra pero allí abajo el calor era sofocante, a tal punto llegaba, que la gente que empezaba a crear largas colas, nos pedía a los que ya estábamos dentro que les lanzáramos lo que fuera para refrescarse y así era... “agua va” y la peña allí que se colocaba para darse un remojón.
La primera actuación estaba prevista para las seis; XTC (un grupo tecno, que pasó sin pena ni gloria) y a continuación la J.Geils Band una clásica banda americana, poco conocida en España que preparó mucho los ánimos para lo que estaba por llegar, pero hasta que llegó aún nos quedaban unas horitas de auténtica sauna. Entre actuación y actuación unos mendas con mangueras regaban al personal desde el escenario con el agradecimiento colectivo.
Debería estar acabando el concierto de la Geils cuando me fijé en algo curioso (sí, tengo ese don... ¿Qué pasa? O quizá fuera el calor y el “tabaco”), entre el aplatanamiento general, el sol que asesinaba y la ausencia de la más mínima existencia de algo parecido a la brisa, una bolsita de plástico de esas tristes que te dan para el pan, que no tienen ningún uso posterior (ni siquiera para transportar el bocata) se pegaba como dos o tres volteretas cerquita del córner e iniciaba una lenta, muy lenta ascensión, como al ritmo de Danubio Azul de Strauss y acababa perdiéndose arriba muy arriba en el infinito (joder que bonito me ha quedado esto) ,mariconadas aparte, pues eso, que parecía que la bolsita tomaba las de Villadiego ante lo que se avecinaba. Era el inicio de una ligera brisilla que se fue acentuando poco a poco, a la vez que el cielo empezaba a cambiar del azul intenso a un gris plomizo (joder que inspiración) que dejaba muy claro la lógica tormenta que se acercaba.

Las primeras gotas de lluvia fueron recibidas como caídas del cielo (menuda incongruencia...de donde leches van a caer)... júbilo, saltos de alegría, celebraciones, la peña alucinaba después del sofoco, pero... Aquello no parecía que se fuese a quedar en una tormentita de verano y la cosa se fue poniendo cada vez más fea, el cielo ya no era gris, la noche había llegado anticipadamente y el viento amenazaba con llevarse toda la parafernalia de globos, pelotas y demás que decoraban el escenario, incluso las torres de sonido parecían no estar muy seguras. Del júbilo se pasó a la preocupación y de ésta, a la alarma general ya que se empezaban a extender entre las gradas rumores de suspensión (normal por otro lado ante semejante temporal, con visos de durar toda la noche), nosotros de momento habíamos suspendido nuestra avanzadilla hacia el escenario, resguardados ahora de la lluvia y el huracán.

Pero... Cuando el chaparrón se hacía más intenso y el personal andaba con la mosca detrás de la oreja ante la más que probable suspensión, alguien anunciaba desde megafonía: “Señoras y señores con ustedes...” Y con puntualidad británica empezó a sonar “Under my Thumb” y la mejor banda de rock de todos los tiempos desafiando a la lluvia, los truenos, el viento y los globos (para globo el de ellos, no paraban de descojonarse ante la posibilidad de quedarse tiesos) aparecían sus Satánicas Majestades... La locura... Empezamos una yincana hacia el escenario sorteando todo tipo de obstáculos, sobre todo a gente que nos llamaba de todo, hasta que nos fue materialmente imposible seguir avanzando... Pero ahora nuestro sitio era de privilegio, ya controlábamos las monerías de Mick (incluso cogió un cepillo para ayudar a unos operarios a achicar agua del escenario, al ritmo de “Brown Sugar”),el descojone continuo de Richards con Wood, o la seriedad constante del genial Charlie Watts, pero...Tuvimos una baja en la avanzadilla, el amigo Paco había desaparecido, no es para tomárselo a guasa, el Lete bebeito, fumaito y sin expulsar los gases, puede ser una bomba de relojería, el terror (bueno quizá exagero) la preocupación (creo que sigo exagerando) se apoderó de nosotros. Bueno afortunadamente, como a mitad del concierto, volvió a aparecer con las primeras notas de un nuevo tema...

-“Qué... Pasa... Tío... Mira «Angie»...” Nos saludaba el gran Francisco con su fina melena empapada, pegada a la cabeza, sus ojos rojos, muy brillantes y su mirada perdida de felicidad.



¬-“Si tío, ha dicho Jagger que te la dedica”

- “Que va tío... no lo ha dicho”

 
 (Este concierto está considerado como uno de los mejores e increíbles de la historia)                   



                                                                                                                                       Salva Jiménez

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