viernes, 1 de marzo de 2013

EL MORDISCO DE ARENAS

Nada hacía presagiar la que se avecinaba. Ya bien entrada la noche y con la disco prácticamente vacía comenzó el espectáculo.


Mi primo el Golondrino que había "comprado honradamente” una botellita de Dyc en la barra, procedía a su disfrute, tras previo aviso al menda con una clara invitación "golozo zofa zinzo poro las cocas colas ¿vaze?", ¿Cómo?...tronco no he pillado nada...el Beni se me quedó mirando con cara de pocos amigos y esta vez muy clarito me acuso: 
Estas pedo..¿ o que?.



Como no acabábamos de ponernos de acuerdo, en cuanto, a quien estaba más perjudicado por el trajín de la noche y viendo la disposición de mi colega a dar cuenta del segoviano, nos preparamos para unas penúltimas copillas. A ello nos disponíamos cuando vi que un barman abandonaba la barra y se dirigía hacia nuestra posición, mire hacia un lado, hacia otro, no había duda solo estábamos nosotros, efectivamente éramos su objetivo, intuí por su gesto qué no venía a ofrecernos unas almendritas para acompañar los combinados...la cruda realidad me golpeo de lleno, mis sospechas se hacían realidad , su visita era debida para acusar (directamente, saltándose la presunción de inocencia a la torera) al bueno de Andrés  de llevarse la botella por la sordi. 

La reacción de Benito fue de indignación y tras una larga charla, por su parte hacia el barman, de la que solo logré entender muy clarito “¿qué de qué?...calabrés” llegamos al acuerdo (creo que muy satisfactorio para nuestros intereses) de que nos tomábamos la copa que teníamos, devolvíamos la botellita y nos pirábamos más pronto que tarde.

“Bien pues pasamos a buscar a nuestros colegas, que andarán por la pista y nos piramos”...pero no te pases, amenazamos con muy poca convicción al camarero.

Pues sí, por la pista andaba el resto de la peña, incluido el Bola, que practicaba sus dotes de Don Juan, con las cuatro únicas asistentes que quedaban del género femenino, pero resulta, que extrañamente y por raro que parezca, también quedaban cuatro mozos que increíblemente (¡qué casualidad joder!) eran conocidos de ellas (incluso puede que alguno ya tuvieran relación sentimental) aunque este dato no lo puedo confirmar, estos, parece ser, no veían con muy buenos ojos, que delante de sus narices un forastero “recién llegado a la ciudad”-que bonita balada de Eagles- intentara seducir, a las lindas muchachas, con las que esperaban algún que otro “arrimao” tras la sesión discotequera. Nuevo cambio de impresiones, otro poco de “qué de qué... calabres” y lo siguiente que recuerdo es un intensísimo dolor allá debajo la axila y que pertenecía a la dentadura (el hijo puta  la tenía completa, eso sí dos muelas picadas) de uno de los acompañantes de tan distinguidas señoritas, al cual tenía yo abrazado, con mi brazo alrededor de su cuello, en un claro gesto de amistad que él no entendió como tal. Me dejo una marca que me duró un mes, era tan perfecta que cuando me lavaba la piñata la daba también un repasito a ella.


De esto aprendí que si tienes a un pavo “agarrao”, por la cabeza debajo de tu sobaco, y salvo que te cante mucho el alerón y se desmaye, actúa rápido y veloz en la agresión o tendrás unas semanas de un dolor de la leche, lavado doble de dientes y el cachondeo del personal.
                                                                                                                                                                                  
                                                                                                                                                                                Salva Jiménez



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