domingo, 12 de mayo 2013
UNA DESPEDIDA PELIGROSA
UNA DESPEDIDA PELIGROSA
por Salva Jiménez
Existe un periodo de tu vida y sobre todo si tienes un grupo de amigos muy amplio, en el que las despedidas de soltero se acumulan una tras otra. Ésta que voy a relatar no recuerdo muy bien a quien pertenece pero se la adjudicaremos, por ejemplo, al Oso. Si en los Guinness existe el record de “despedidos” de solteros, este ser humano debe estar muy arriba del ranking, y es que se le cogieron tanto cariño a estas celebraciones que si se pasaba un tiempo sin ellas había que crearlas (o más bien diría que inventarlas) y el Oso no ponía muchas pegas, no las ponía porque de la mayoría de ellas no se enteraba. Fue sin duda un clásico de aquellos años... Las Despedidas del Oso.
Bueno, como es natural todo comienza con una cena, la cual recuerdo que fue en Canillejas en el sitio este (creo que existe aún) de gallinejas y entresijos, pues eso una cena “ligerita” a base de unas entradas de morcillas, calamares, croquetas, etc., antes de dar paso a las raciones de hipercolesterol, especialidad de la casa. La cena transcurrió dentro de la normalidad, modositos en un principio y según iba dando castañazos el vino peleón, la euforia subía poco a poco de tono, en los postres las correspondientes tartas de Wiskis los cafetitos y el primer JB con Coca-Cola, algún que otro chiste antes que el servicial Juan (el Posh) hiciera las correspondientes cuentas, las consiguientes particiones con recaudación incluida, para abonar la cuenta (este trabajo que tan puntualmente llevaba a cabo el práctico Juanito, le servía para ahorrarse su parte y de paso pagarse las copas posteriores y es que lógicamente los trabajos bien hechos hay que pagarlos).
Tras dejar atrás la tasca, en las condiciones lógicas que debe dejarse tras el paso de un grupo de 14 ó 15 veinteañeros de fiesta, con la correspondiente guerrilla final de trozos de pan y algún que otro entremés sobrante... Pues eso, las copas de vino a medio vaciar, mezcladas con las colillas de los cigarros y las pelotitas de migas de pan, los manteles de papel rotos y empapados, la mitad pisoteados por el suelo, etc., etc... Lo dicho, como debe ser en toda cena que se precie de estas características.
Una vez en la calle tocaba organizar la estrategia y logística que nos llevara a la siguiente parada de la noche... Las copas, el destino esta vez era la calle Orense y sus bajos (muy de moda por esas fechas y con mucha marcha). Como se podrá entender a esa cantidad de tíos no se les dejaba entrar a todos juntos “ni en el metro” y mucho menos en los garitos, por lo tanto el plan consistía en quedar en un pub, disco o similar e ir llegando escalonadamente (como pide la DGT), por lo tanto había que formar los diferentes comandos de 4 ó 5 unidades y colocarlos en los respectivos coches, labor difícil en este tipo de expediciones y es que lo normal es que antes de dirigirte al punto de encuentro, visites algún que otro lugar donde tomarte un cubatita para ir haciendo tiempo, para no volvernos a juntar todos en la puerta del lugar elegido, lo malo de esto es que todo el mundo piensa lo mismo y acabas cruzándote constantemente (no olvidar que se carecía de wasa y esos artilugios comunicativos), con lo cual lo normal es que ya no volvieras a ver en toda la noche a algunos de los participantes, de ahí decía lo de labor difícil y es que con los que emprendías el trayecto podrían llegar a ser tus únicos compañeros de borrachera.
No quiero pasar por alto un pequeño incidente que sucedió durante la organización del plan de movilidad, no sé si al subir o bajar del coche, el caso es que al pobre Chema se le olvidó retirar su dedito antes que la puerta del 8 y medio encajara con el cerco de esta (“wrnmgggrgnvfñññv JODERRRRRRRR”) fue lo que logró balbucear el pobrecito, mientras su cara iba tomando una palidez cetrina y perdiendo esos coloretes clásicos en las mejillas tras tan ostentosa cena. Pero quien conoce a Chemita sabe perfectamente que su color de rostro habitual es el tirando a muy pálido, “El hombre que nunca se puso moreno” podríamos decir de él, por lo que tras el duro impacto, y viendo su cambio de color, solo se me ocurrió decirle “Ostias Chema ya tienes mejor cara”, claro la contestación de José Mari estuvo acorde a la imprudencia del comentario, pero lo cierto es que quizá cambiando algunas palabras la observación hubiera sido igual de inoportuna, pero también más real con la situación: “Ostias Chema ya tienes tu color de cara”..., en cualquier caso el asunto terminó con un “urgencias puede esperar” por su parte, ante la posibilidad de perderse la gran noche.
Efectivamente antes de dirigirnos al centro de operaciones concertado, Verde y Plata si no recuerdo mal, avituallamiento en el imprescindible Billboard, las peores copas de la zona, pero muy baratas, extrañamente no coincidimos con nadie (del grupo claro) en este lugar y tras pegarnos un par de medios partimos en dirección al objetivo. Como siempre algo de personal en la puerta esperando el reconocimiento físico y psíquico que el armario de tres puertas que había como portero, tenía que realizarte antes de permitirte el paso...Qué trabajo tan difícil el de estos elementos tener que mezclar la fuerza y la psicología para captar cualquier signo que delate al futuro busca broncas, nunca serán valorados como se merecen y no cuento cuando empezó la caza del calcetín blanco, aquellas imágenes de los cuida garitos señalándote los pies con el dedo índice con cara de -¿Cómo se te ocurre?- Lo dicho “ era un mundo difichile”...esto... ya me perdí, me lio me lio con los detalles y al final ...Pues me lio, ¿por dónde leches iba? Ahh! Nos dirigíamos al Verde y Plata, ya en la puerta nos colocamos a esperar nuestro turno detrás de dos o tres gachós que por lo visto no les debimos gustar demasiado y tardaron poquito en empezar la provocación, ¿qué queréis colaros o qué?... Que va tío, -seca respuesta-, ¿digi? fue la suya (deberían ser extranjeros porque tras el digi soltó una retahíla que les hizo mucha gracia debido a su descojone -“vagi colla de subnormals teu”- fue su comentario, yo no me di por aludido entre otras cosas porque los idiomas siempre se me han dado muy mal. Pero ahí no terminó el acecho, la cosa se ponía algo fea, pero mira tú que un cruce de miradas entre el menda y Schwarzenegger en el momento oportuno provocó un simple gesto de cabeza por su parte (cejas levantadas, boca ligeramente torcida y meneo de cabeza de un lado a otro, acompañado de un leve movimiento de su mano indicado stop, si cuando hablo de la psicología de este sector...) Me indicaban claramente que no me preocupara, que a mi rollo, que estaba al tanto de todo y que él se encargaba. Efectivamente cuando les tocaba el turno a los de Polonia un brazo como mi cabeza se cruzó en su camino:
-Vosotros no pasáis.
- ¿Digi?...
- Aire.
Pero además de provocadores, éstos tenían muy poquito cerebro y un movimiento un poco extraño de uno de ellos provoco la reacción del “cachas”, le soltó tal “peazo” ostia que no solo le quito el pedo también la resaca del día siguiente... Dos o tres pasos dio hacia atrás hasta que aterrizó en el suelo y allí que se quedó.
Cuando todo parecía que iba a quedar en una simple fractura del tabique nasal del “hombre sin cerebro” de nuevo la casualidad el azar o lo que fuera provocó otro guion para que yo pudiera escribir otro relato...
El destino quiso que justo en el momento que el “digi” recibiera el crochet de derecha, apareciera por la puerta, buscando la salida, el Boby acompañado por su comando (Santi, Antonio y alguno más). Al Paco (Boby) le pareció desproporcionada la respuesta de Stallone, a pesar de no tener ni la remota idea del motivo de ella, y sin escuchar mis intentos por explicarle que lo mismo hasta se había quedado corto, que el pavo se lo había buscado, que pasara del tema, nada, se enfundó el traje de “Dan Defensor” y recriminó airadamente a “mi amigo” Arnold... No solo provocó el enfado monumental de éste sino que también produjo que los acompañantes del narizotas se crecieran y todos los que merodeaban por allí se aliaran con su causa (daba igual la que fuera el caso era armar follón), el portero se vio seriamente amenazado y movió la mano hacia detrás de su chaqueta de la que sacó, no entiendo mucho de esto y no sabría decir si era una beletta , una cobra, una magnum (no esto creo que es un helado) bueno da igual, una pistola, un revolver, ¡Qué leches! para que nos entendamos todos: “una pipa”, que entre el follón los empujones y demás acabo desparramada por el suelo a la vista de todo el personal, aquello fue “mano de Santo” en apenas diez segundos zona despejada, desbandada general, miedo en el cuerpo... Ni la mejor escena de los hermanos Marx superaría el momento, la peña corriendo como pollos sin cabeza para ponerse a salvo de la terrible amenaza de una pistola dando botes por el suelo.
No volvimos a coincidir todos hasta primera hora de la mañana, en la inevitable parada final del chocolate con churros de La Cruz, no sé si el alcohol, el sueño o el susto de “puño de acero “, o una mezcla de todo ello, el caso que algún despistado aún preguntaba:
-Oye tío... ¿Cuándo se casa el Oso?
- ¿Qué se casa el Oso?... Joder no lo sabía.
- ¡¡¡Pero si esta es su despedida!!!
- Ya, pero ni él debe saber cuándo, porque ni siquiera ha venido.
- Bueno hacemos en un par de meses otra... Por si acaso.
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lunes 1 de abril 2013
LA TORMENTA QUE SE TRAGÓ A PACO "LETE"
Por Salva Jiménez
Aquella tarde de julio del 82, debió ser la más calurosa de la historia de las tardes calurosas, la chicharrera que nos caía M30 abajo, camino del Calderón, era tal que los cuatro que ocupábamos el 124 amarillo (Dani, Bobi, Paco y un servidor) sudábamos como si no costase. Pero tampoco es que nos preocupara demasiado, nuestra atención se centraba en currarnos unos cuantos “cigarritos” porque luego y con todo el follón, cualquiera se pone a liarse el “picao”.
A Paco Lete (le doy como apellido su mote), y es que no comprendo cómo se puede seguir llamando colegas a mamonazos que te ponen ese apodo, y que conste que cuando yo me incorporé a esta panda de cabrones ya le habían bautizado, ante mi insistencia de cambiar de hábitos y llamarle solo Paco y olvidarnos de lo de “Lete” me aseguraban que no era tan sencillo; que si ahora ir al registro, que si un montón de papeles, que si pedir permiso al Papa, (que no era tan fácil y que incluso a él, le molaba, crueles coño). Bueno a lo que iba, su máxima obsesión (la de Lete, digo Paco) era una noticia que no sabía si la había leído en el Popular 1, visto en Popgrama o se lo había contado su primo, el caso es que decían que los Rolling llevaban un montón de años sin tocar Angie en sus conciertos, y cierto que era...”Qué putada colega es la que más me mola” se lamentaba mientras daba un lametazo al papelillo de su enésimo “may”.
Deberían ser las cuatro de la tarde cuando llegábamos al estadio, lo que fue una ventaja para no esperar nada al entrar (los Rolling estaban previstos para las nueve). Nos acomodamos en el fondo sur, a más de cien metros del escenario: “cuando empiecen los Stone nos acercamos más” nos dijimos. Daba la sombra pero allí abajo el calor era sofocante, a tal punto llegaba, que la gente que empezaba a crear largas colas, nos pedía a los que ya estábamos dentro que les lanzáramos lo que fuera para refrescarse y así era... “agua va” y la peña allí que se colocaba para darse un remojón.
La primera actuación estaba prevista para las seis; XTC (un grupo tecno, que pasó sin pena ni gloria) y a continuación la J.Geils Band una clásica banda americana, poco conocida en España que preparó mucho los ánimos para lo que estaba por llegar, pero hasta que llegó aún nos quedaban unas horitas de auténtica sauna. Entre actuación y actuación unos mendas con mangueras regaban al personal desde el escenario con el agradecimiento colectivo.
Fue acabando el concierto de la Geils, cuando me fijé en algo curioso (sí, tengo ese don... ¿Qué pasa? O quizá fuera el calor y el “tabaco”), entre el aplatanamiento general, el sol que asesinaba y la ausencia de la más mínima existencia de algo parecido a la brisa, una bolsita de plástico de esas tristes que te dan para el pan, que no tienen ningún uso posterior (ni siquiera para transportar el bocata) se pegaba como dos o tres volteretas cerquita del córner e iniciaba una lenta, muy lenta ascensión, como al ritmo de Danubio Azul de Strauss y acababa perdiéndose arriba muy arriba en el infinito (joder que bonito me ha quedado esto) ,mariconadas aparte, pues eso, que parecía que la bolsita tomaba las de Villadiego ante lo que se avecinaba. Era el inicio de una ligera brisilla que se fue acentuando poco a poco, a la vez que el cielo empezaba a cambiar del azul intenso a un gris plomizo (joder que inspiración) que dejaba muy claro la lógica tormenta que se acercaba.
Las primeras gotas de lluvia fueron recibidas como caídas del cielo (menuda incongruencia...de donde leches van a caer)... júbilo, saltos de alegría, celebraciones, la peña alucinaba después del sofoco, pero... Aquello no parecía que se fuese a quedar en una tormentita de verano y la cosa se fue poniendo cada vez más fea, el cielo ya no era gris, la noche había llegado anticipadamente y el viento amenazaba con llevarse toda la parafernalia de globos, pelotas y demás que decoraban el escenario, incluso las torres de sonido parecían no estar muy seguras. Del júbilo se pasó a la preocupación y de ésta, a la alarma general ya que se empezaban a extender entre las gradas rumores de suspensión (normal por otro lado ante semejante temporal, con visos de durar toda la noche), nosotros de momento habíamos suspendido nuestra avanzadilla hacia el escenario, resguardados ahora de la lluvia y el huracán.
Pero... Cuando el chaparrón se hacía más intenso y el personal andaba con la mosca detrás de la oreja ante la más que probable suspensión, alguien anunciaba desde megafonía: “Señoras y señores con ustedes...” Y con puntualidad británica empezó a sonar “Under my Thumb” y la mejor banda de rock de todos los tiempos desafiando a la lluvia, los truenos, el viento y los globos (para globo el de ellos, no paraban de descojonarse ante la posibilidad de quedarse tiesos) aparecían sus Satánicas Majestades... La locura...
Empezamos una yincana hacia el escenario sorteando todo tipo de obstáculos, sobre todo a gente que nos llamaba de todo, hasta que nos fue materialmente imposible seguir avanzando... Pero ahora nuestro sitio era de privilegio, ya controlábamos las monerías de Mick (incluso cogió un cepillo para ayudar a unos operarios a achicar agua del escenario, al ritmo de “Brown Sugar”),el descojone continuo de Richards con Wood, o la seriedad constante del genial Charlie Watts, pero...Tuvimos una baja en la avanzadilla, el amigo Paco había desaparecido, no es para tomárselo a guasa, el Lete bebeito, fumaito y sin expulsar los gases, puede ser una bomba de relojería, el terror (bueno quizá exagero) la preocupación (creo que sigo exagerando) se apoderó de nosotros. Bueno afortunadamente, como a mitad del concierto, volvió a aparecer con las primeras notas de un nuevo tema...
-“Qué... Pasa... Tío... Mira «Angie»...” Nos saludaba el gran Francisco con su fina melena empapada, pegada a la cabeza, sus ojos rojos, muy brillantes y su mirada perdida de felicidad.
¬-“Si tío, ha dicho Jagger que te la dedica”
- “Que va tío... no lo ha dicho”
(Este concierto está considerado como uno de los mejores e increíbles de la historia)
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viernes 1 de marzo 2013
EL MORDISCO DE ARENAS
por Salva Jiménez
Nada hacía presagiar la que se avecinaba. Ya bien entrada la noche y con la disco prácticamente, vacía comenzó el espectáculo.
Mi primo el Golondrino que había "comprado honradamente” una botellita de Dyc en la barra, procedía a su disfrute, tras previo aviso al menda con una clara invitación "golozo zofa zinzo poro las cocas colas ¿vaze?", ¿Cómo?...tronco no he pillado nada...el Beni se me quedó mirando con cara de pocos amigos y esta vez muy clarito me acuso: Estas pedo..¿ o que?.
Como no acabábamos de ponernos de acuerdo, en cuanto, a quien estaba más perjudicado por el trajín de la noche y viendo la disposición de mi colega a dar cuenta del segoviano, nos preparamos para unas penúltimas copillas. A ello nos disponíamos cuando vi que un barman abandonaba la barra y se dirigía hacia nuestra posición, mire hacia un lado, hacia otro, no había duda solo estábamos nosotros, efectivamente éramos su objetivo, intuí por su gesto qué no venía a ofrecernos unas almendritas para acompañar los combinados...la cruda realidad me golpeo de lleno, mis sospechas se hacían realidad , su visita era debida para acusar (directamente, saltándose la presunción de inocencia a la torera) al bueno de Andrés de llevarse la botella por la sordi. La reacción de Benito fue de indignación y tras una larga charla, por su parte hacia el barman, de la que solo logré entender muy clarito “¿qué de qué?...calabrés” llegamos al acuerdo (creo que muy satisfactorio para nuestros intereses) de que nos tomábamos la copa que teníamos, devolvíamos la botellita y nos pirábamos más pronto que tarde.
“Bien pues pasamos a buscar a nuestros colegas, que andarán por la pista y nos piramos”...pero no te pases, amenazamos con muy poca convicción al camarero.
Pues sí, por la pista andaba el resto de la peña, incluido el Bola, que practicaba sus dotes de Don Juan, con las cuatro únicas asistentes que quedaban del género femenino, pero resulta, que extrañamente y por raro que parezca, también quedaban cuatro mozos que increíblemente (¡qué casualidad joder!) eran conocidos de ellas (incluso puede que alguno ya tuvieran relación sentimental) aunque este dato no lo puedo confirmar, estos, parece ser, no veían con muy buenos ojos, que delante de sus narices un forastero “recién llegado a la ciudad”-que bonita balada de Eagles- intentara seducir, a las lindas muchachas, con las que esperaban algún que otro “arrimao” tras la sesión discotequera. Nuevo cambio de impresiones, otro poco de “qué de qué... calabres” y lo siguiente que recuerdo es un intensísimo dolor allá debajo la axila y que pertenecía a la dentadura (el hijo puta la tenía completa, eso sí dos muelas picadas) de uno de los acompañantes de tan distinguidas señoritas, al cual tenía yo abrazado, con mi brazo alrededor de su cuello, en un claro gesto de amistad que él no entendió como tal.
Me dejo una marca que me duró un mes, era tan perfecta que cuando me lavaba la piñata la daba también un repasito a ella.
Me dejo una marca que me duró un mes, era tan perfecta que cuando me lavaba la piñata la daba también un repasito a ella.
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viernes 13 de abril 2013
viernes 13 de abril 2013
EL QUESO DEL BOGUMI (Historias de Bárbate)
por Salva Jiménez
Salir de vacaciones con tu pivita a la playa cuando tienes 14, 15 ó 16 años (no recuerdo exactamente) está muy bien, pero cuando también incluyes a la familia de ella, qué si suegros, qué si cuñados., la historia se complica, y si encima la relación no está muy consolidada (cómo iba a estarlo a esa edad) y tu familia política aún anda examinándote, pues ya no está tan bien la movida.
Eso debió pensar el amiguete Dani según hacia la maleta, pues además de los speedo, las camisetas de tirantes, unos vaqueritos para los paseítos con heladitos y alguna que otra “muda” decidió incluir al Bogumi, al Lete, al Chegui y al Niño (que tampoco ocupan tanto sitio y seguro que alguna utilidad tienen). Pues así partimos hacia tierras de Cádiz, Bárbate para ser exactos, los cinco pipiolos. Para ello elegimos el tren en coche-cama; “viajamos toda la noche y será menos pesado”, fue nuestra madura decisión. Al no encontrar compartimento para todos juntos, por ser de cuatro plazas cada coche, nos repartimos tres por un lado y dos por otro.
Una vez en el tren y al acceder a uno de nuestros habitáculos, éste estaba ocupado ya por la persona que debía compartir con tres de nosotros el viaje. La entrada fue muy educada por nuestra parte, pero no sé si por culpa de los rizos del Bogumi, el acné del Pile, el peinado “AC/DC” del Lete o mi parecido al primo de Los Chunguitos, o una mezcla de todo ello, el caso es que cuando íbamos a negociar un cambio de ubicación por su parte y uno de nosotros, el menda había pillao su maleta y había salido pitando. Los cinco de Barbate acabaron pasando la noche todos juntos, o lo que es lo mismo no durmió ni Dios.
Nos recogió Don Antonio en la estación con su talbot 1200 y mientras nos acomodamos en el interior del coche observé en el algo así como una sonrisilla picarona, y cuando comenzamos a circular comprendí los motivos, nuestro suegro desató todas sus contenidas ganas de emular al mejor piloto de Fórmula 1, 2, V o Los Brincos no sé exactamente, el caso es que aplicó el manual del mejor Torete al volante y nos regaló una autentica exhibición de adelantamientos al límite, cambio de marchas fulgurantes y pegadas a matriculas traseras algo peligrosas, y dejo muy clarito quien era el que mandaba allí y así muy relajaditos comenzamos la semanita de playa.
Al Bogumi el primer día se le antojó un precioso queso manchego ¿? expuesto en una preciosa charcutería, “a mi viejo le encanta el queso” qué detalle, pensamos... Y a buen recaudo que dejó su quesito en el armario perpetrado tras una abundante mezcla de todo tipo de ropajes, zapatillas y demás, en una especie de caja fuerte que tenía mucho de caja y poco de fuerte (aún sigo preguntándome el porqué de comprar un queso manchego en Cádiz y sobre todo por qué lo hizo el primer día).El embriagador aroma del lácteo nos invadía constantemente cada instante que pasábamos en la habitación de nuestra modesta pensión, sin ventanas ni aire acondicionado (no existía aún, al menos para nosotros).
Los ruegos se hacían cada día más intensos: “Santitos tío tírate el rollo, déjanos probar el queso”... “que no joder que es para mi padre”. Entre todo esto las jornadas se hacían muy amenas, algo de pescaito, alguna cervecita playera y Paco Lete que mantuvo una relación muy intensa con Don Antonio a base de garrotazos en el agua con unas maravillosas cachiporras de cartón que se fabricaron. Pero no todo fue felicidad, recuerdo un incidente muy desagradable, teniendo también como protagonista al Lete, esta vez con el Chegui, y es que durante una placentera siesta y al pasar cerca de la cama de Paco (Lete), aquel dejó escapar un intenso gas sonoro (pedo) que ofendió mucho a Paquito convencido de que era expresamente dedicado a su persona, se levantó de un salto de la cama decidido a que el Chegui pagara caro su ofensa, afortunadamente no llegaron a las manos gracias a nuestra rápida intervención.
“Santitos tío danos un poco queso”...”que os jodan”...inflexible Bogumi.
Se nos pasó la semana y las despedidas fueron muy emotivas (la futura familia de Dani continuaba las vacaciones) incluso un Lete muy emocionado decidió aceptar la invitación que le ofrecieron de quedarse con ellos, afortunadamente de nuevo nuestra rápida intervención evitó el desastre (la cara del bueno de Antonio era todo un poema ante lo cerca que estuvo de otra semana de garrotazos).
Pero lo peor aún estaba por llegar... Al ponernos a hacer las maletas para la vuelta y según nos adentrábamos en el fondo del armario un ligero tufillo nos hacía presagiar lo peor...
BOGUMI... TÍO... EL QUESO....HA MUERTO...
Una repugnante mezcla de moho delataba el sufrimiento que debió pasar el paisano de Almodóvar antes de perecer, imagino al pobre añorando, (tras una dura curación de casi tres meses) un retiro digno cuña a cuña, tapa a tapa, sobre un suave plato de madera y bajo una fina tapa de cristal, y no un final como Ryan Reynolds en Buried, pero las altas temperaturas gaditanas, el armario infernal y la convivencia con sus primas lejanas (las Jhon Smith rojas, parentesco debido al olor corporal de éstas muy parecido al suyo), fueron demasiado para el pobre.
Pero a grandes males... Alguien le propuso una solución de urgencia
BOGUMI... TRONCO... DILE A TU VIEJO QUE ES DE CABRALES
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