
Salir de vacaciones con tu pivita a la playa cuando tienes
14, 15 ó 16 años (no recuerdo exactamente) está muy bien, pero cuando también
incluyes a la familia de ella, qué si suegros, qué si cuñados., la historia se
complica, y si encima la relación no está muy consolidada (cómo iba a estarlo a
esa edad) y tu familia política aún anda examinándote, pues ya no está tan bien
la movida.
Eso debió pensar el amiguete Dani según hacia la maleta,
pues además de los speedo, las camisetas de tirantes, unos vaqueritos para los
paseítos con heladitos y alguna que otra “muda” decidió incluir al Bogumi, al
Lete, al Chegui y al Niño (que tampoco ocupan tanto sitio y seguro que alguna
utilidad tienen). Pues así partimos hacia tierras de Cádiz, Bárbate para ser
exactos, los cinco pipiolos. Para ello elegimos el tren en coche-cama;
“viajamos toda la noche y será menos pesado”, fue nuestra madura decisión. Al
no encontrar compartimento para todos juntos, por ser de cuatro plazas cada
coche, nos repartimos tres por un lado y dos por otro.
Una vez en el tren y al acceder a uno de nuestros habitáculos, éste estaba
ocupado ya por la persona que debía compartir con tres de nosotros el viaje. La
entrada fue muy educada por nuestra parte, pero no sé si por culpa de los rizos
del Bogumi, el acné del Pile, el peinado “AC/DC” del Lete o mi parecido al
primo de Los Chunguitos, o una mezcla de todo ello, el caso es que cuando
íbamos a negociar un cambio de ubicación por su parte y uno de nosotros, el
menda había pillao su maleta y había salido pitando. Los cinco de Barbate
acabaron pasando la noche todos juntos, o lo que es lo mismo no durmió ni Dios.
Nos recogió Don
Antonio en la estación con su talbot 1200 y mientras nos acomodamos en el
interior del coche observé en el algo así como una sonrisilla picarona, y
cuando comenzamos a circular comprendí los motivos, nuestro suegro desató todas
sus contenidas ganas de emular al mejor piloto de Fórmula 1, 2, V o Los Brincos
no sé exactamente, el caso es que aplicó el manual del mejor Torete al volante
y nos regaló una autentica exhibición de adelantamientos al límite, cambio de
marchas fulgurantes y pegadas a matriculas traseras algo peligrosas, y dejo muy
clarito quien era el que mandaba allí y
así muy relajaditos comenzamos la semanita de playa.
Al Bogumi el primer día se le antojó un precioso queso
manchego ¿? expuesto en una preciosa charcutería, “a mi viejo le encanta el
queso” qué detalle, pensamos... Y a buen recaudo que dejó su quesito en el
armario perpetrado tras una abundante mezcla de todo tipo de ropajes, zapatillas
y demás, en una especie de caja fuerte que tenía mucho de caja y poco de fuerte
(aún sigo preguntándome el porqué de comprar un queso manchego en Cádiz y sobre
todo por qué lo hizo el primer día).El embriagador aroma del lácteo nos invadía
constantemente cada instante que pasábamos en la habitación de nuestra modesta
pensión, sin ventanas ni aire acondicionado (no existía aún, al menos para
nosotros).
Los ruegos se hacían cada día más intensos: “Santitos tío
tírate el rollo, déjanos probar el queso”... “que no joder que es para mi
padre”. Entre todo esto las jornadas se hacían muy amenas, algo de pescaito,
alguna cervecita playera y Paco Lete que mantuvo una relación muy intensa con
Don Antonio a base de garrotazos en el agua con unas maravillosas cachiporras
de cartón que se fabricaron. Pero no todo fue felicidad, recuerdo un incidente
muy desagradable, teniendo también como protagonista al Lete, esta vez con el
Chegui, y es que durante una placentera siesta y al pasar cerca de la cama de
Paco (Lete), aquel dejó escapar un intenso gas sonoro (pedo) que ofendió mucho
a Paquito convencido de que era expresamente dedicado a su persona, se levantó de un salto de la
cama decidido a que el Chegui pagara caro su ofensa, afortunadamente no
llegaron a las manos gracias a nuestra rápida intervención.
“Santitos tío danos un poco queso”...”que os
jodan”...inflexible Bogumi.
Se nos pasó la semana y las despedidas fueron muy emotivas
(la futura familia de Dani continuaba las vacaciones) incluso un Lete muy
emocionado decidió aceptar la invitación que le ofrecieron de quedarse con
ellos, afortunadamente de nuevo nuestra rápida intervención evitó el desastre
(la cara del bueno de Antonio era todo un
poema ante lo cerca que estuvo de otra semana de garrotazos).
Pero lo peor aún estaba por llegar... Al ponernos a hacer
las maletas para la vuelta y según nos adentrábamos en el fondo del armario un
ligero tufillo nos hacía presagiar lo peor...
BOGUMI... TÍO... EL QUESO....HA MUERTO...
Una repugnante mezcla de moho delataba el sufrimiento que
debió pasar el paisano de Almodóvar antes de perecer, imagino al pobre
añorando, (tras una dura curación de casi tres meses) un retiro digno cuña a
cuña, tapa a tapa, sobre un suave plato de madera y bajo una fina tapa de
cristal, y no un final como Ryan Reynolds en Buried, pero las altas
temperaturas gaditanas, el armario infernal y la convivencia con sus primas
lejanas (las Jhon Smith rojas, parentesco debido al olor corporal de éstas muy
parecido al suyo), fueron demasiado para el pobre.
Pero a grandes males... Alguien le propuso una solución de
urgencia
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tus comentarios