Existe un periodo de tu vida y sobre todo si tienes un grupo
de amigos muy amplio, en el que las despedidas de soltero se acumulan una tras
otra. Ésta que voy a relatar no recuerdo muy bien a quien pertenece pero se la
adjudicaremos, por ejemplo, al Oso. Si en los Guinness existe el record de
“despedidos” de solteros, este ser humano debe estar muy arriba del ranking, y
es que se le cogieron tanto cariño a estas celebraciones que si se pasaba un
tiempo sin ellas había que crearlas (o más bien diría que inventarlas) y el Oso no ponía muchas pegas, no las ponía
porque de la mayoría de ellas no se enteraba. Fue sin duda un clásico de
aquellos años... Las Despedidas del Oso.
Bueno, como es natural todo comienza con una cena, la cual
recuerdo que fue en Canillejas en el sitio este (creo que existe aún) de
gallinejas y entresijos, pues eso una cena “ligerita” a base de unas entradas
de morcillas, calamares, croquetas, etc.,
antes de dar paso a las raciones de hipercolesterol, especialidad de la
casa. La cena transcurrió dentro de la normalidad, modositos en un principio y
según iba dando castañazos el vino peleón, la euforia subía poco a poco de
tono, en los postres las correspondientes tartas de Wiskis los cafetitos y el
primer JB con Coca-Cola, algún que otro chiste antes que el servicial Juan (el
Posh) hiciera las correspondientes cuentas, las consiguientes particiones con
recaudación incluida, para abonar la cuenta (este trabajo que tan puntualmente
llevaba a cabo el práctico Juanito, le servía para ahorrarse su parte y de paso
pagarse las copas posteriores y es que lógicamente los trabajos bien hechos hay
que pagarlos).
Tras dejar atrás la tasca, en las condiciones lógicas que
debe dejarse tras el paso de un grupo de 14 ó 15 veinteañeros de fiesta, con la
correspondiente guerrilla final de trozos de pan y algún que otro entremés
sobrante... Pues eso, las copas de vino a medio vaciar, mezcladas con las
colillas de los cigarros y las pelotitas
de migas de pan, los manteles de papel rotos y empapados, la mitad pisoteados
por el suelo, etc., etc... Lo dicho, como debe ser en toda cena que se precie
de estas características.
Una vez en la calle tocaba organizar la estrategia y
logística que nos llevara a la siguiente parada de la noche... Las copas, el
destino esta vez era la calle Orense y sus bajos (muy de moda por esas fechas y
con mucha marcha). Como se podrá entender a esa cantidad de tíos no se les
dejaba entrar a todos juntos “ni en el metro” y mucho menos en los garitos, por
lo tanto el plan consistía en quedar en un pub, disco o similar e ir llegando
escalonadamente (como pide la DGT), por lo tanto había que formar los
diferentes comandos de 4 ó 5 unidades y colocarlos en los respectivos coches,
labor difícil en este tipo de expediciones y es que lo normal es que antes de
dirigirte al punto de encuentro, visites algún que otro lugar donde tomarte un
cubatita para ir haciendo tiempo, para no volvernos a juntar todos en la puerta
del lugar elegido, lo malo de esto es que todo el mundo piensa lo mismo y
acabas cruzándote constantemente (no olvidar que se carecía de wasa y esos
artilugios comunicativos), con lo cual lo normal es que ya no volvieras a ver
en toda la noche a algunos de los participantes, de ahí decía lo de labor
difícil y es que con los que emprendías el trayecto podrían llegar a ser tus
únicos compañeros de borrachera.
No quiero pasar por alto un pequeño incidente que sucedió
durante la organización del plan de movilidad, no sé si al subir o bajar del
coche, el caso es que al pobre Chema se le olvidó retirar su dedito antes que
la puerta del 8 y medio encajara con el cerco de esta (“wrnmgggrgnvfñññv
JODERRRRRRRR”) fue lo que logró balbucear
el pobrecito, mientras su cara iba tomando una palidez cetrina y perdiendo
esos coloretes clásicos en las mejillas tras tan ostentosa cena. Pero quien
conoce a Chemita sabe perfectamente que su color de rostro habitual es el
tirando a muy pálido, “El hombre que
nunca se puso moreno” podríamos decir de él, por lo que tras el duro impacto, y
viendo su cambio de color, solo se me ocurrió decirle “Ostias Chema ya tienes mejor cara”, claro la
contestación de José Mari estuvo acorde
a la imprudencia del comentario, pero lo cierto es que quizá cambiando algunas
palabras la observación hubiera sido igual de inoportuna, pero también más real con la situación:
“Ostias Chema ya tienes tu color de cara”..., en cualquier caso el asunto
terminó con un “urgencias puede esperar” por su parte, ante la posibilidad de
perderse la gran noche.
Efectivamente antes de dirigirnos al centro de operaciones
concertado, Verde y Plata si no recuerdo mal, avituallamiento en el
imprescindible Billboard, las peores copas de la zona, pero muy baratas,
extrañamente no coincidimos con nadie (del grupo claro) en este lugar y tras
pegarnos un par de medios partimos en dirección al objetivo. Como siempre algo
de personal en la puerta esperando el reconocimiento físico y psíquico que el
armario de tres puertas que había como portero,
tenía que realizarte antes de permitirte el paso...Qué trabajo tan difícil
el de estos elementos tener que mezclar la fuerza y la psicología para captar
cualquier signo que delate al futuro busca broncas, nunca serán valorados como
se merecen y no cuento cuando empezó la caza del calcetín blanco, aquellas
imágenes de los cuida garitos señalándote los pies con el dedo índice con cara
de -¿Cómo se te ocurre?- Lo dicho “ era un mundo difichile”...esto... ya me
perdí, me lio me lio con los detalles y
al final ...Pues me lio, ¿por dónde leches iba? Ahh! Nos dirigíamos al Verde y Plata,
ya en la puerta nos colocamos a esperar nuestro turno detrás de dos o tres
gachós que por lo visto no les debimos gustar demasiado y tardaron poquito en
empezar la provocación, ¿qué queréis colaros o qué?... Que va tío, -seca
respuesta-, ¿digi? fue la suya (deberían
ser extranjeros porque tras el digi soltó una retahíla que les hizo mucha
gracia debido a su descojone -“vagi colla de subnormals teu”- fue su
comentario, yo no me di por aludido entre otras cosas porque los idiomas
siempre se me han dado muy mal. Pero ahí no terminó el acecho, la cosa se ponía
algo fea, pero mira tú que un cruce de miradas entre el menda y Schwarzenegger
en el momento oportuno provocó un simple gesto de cabeza por su parte (cejas
levantadas, boca ligeramente torcida y meneo de cabeza de un lado a otro,
acompañado de un leve movimiento de su mano indicado stop, si cuando hablo de
la psicología de este sector...) Me indicaban claramente que no me preocupara,
que a mi rollo, que estaba al tanto de todo y que él se encargaba.
Efectivamente cuando les tocaba el turno a los de Polonia un brazo como mi
cabeza se cruzó en su camino:
-Vosotros no pasáis.
- ¿Digi?...
- Aire.
Pero además de provocadores, éstos tenían muy poquito
cerebro y un movimiento un poco extraño
de uno de ellos provoco la reacción del “cachas”, le soltó tal “peazo” ostia
que no solo le quito el pedo también la resaca del día siguiente... Dos o tres
pasos dio hacia atrás hasta que aterrizó en el suelo y allí que se quedó.
Cuando todo parecía que iba a quedar en una simple fractura
del tabique nasal del “hombre sin cerebro” de nuevo la casualidad el azar o lo
que fuera provocó otro guion para que yo pudiera escribir otro relato...
El destino quiso que justo en el momento que el “digi”
recibiera el crochet de derecha, apareciera por la puerta, buscando la salida,
el Boby acompañado por su comando (Santi, Antonio y alguno más). Al Paco (Boby)
le pareció desproporcionada la respuesta de Stallone, a pesar de no tener ni la
remota idea del motivo de ella, y sin escuchar mis intentos por explicarle que
lo mismo hasta se había quedado corto, que el pavo se lo había buscado, que
pasara del tema, nada, se enfundó el traje de “Dan Defensor” y recriminó
airadamente a “mi amigo” Arnold... No solo provocó el enfado monumental de éste
sino que también produjo que los acompañantes del narizotas se crecieran y
todos los que merodeaban por allí se aliaran con su causa (daba igual la que
fuera el caso era armar follón), el portero se vio seriamente amenazado y movió
la mano hacia detrás de su chaqueta de la que sacó, no entiendo mucho de esto y
no sabría decir si era una beletta , una cobra, una magnum (no esto creo que es
un helado) bueno da igual, una pistola, un revolver, ¡Qué leches! para que nos
entendamos todos: “una pipa”, que entre el follón los empujones y demás acabo
desparramada por el suelo a la vista de todo el personal, aquello fue “mano de
Santo” en apenas diez segundos zona despejada, desbandada general, miedo en el
cuerpo... Ni la mejor escena de los hermanos Marx superaría el momento, la peña
corriendo como pollos sin cabeza para ponerse a salvo de la terrible amenaza de
una pistola dando botes por el suelo.
No volvimos a coincidir todos hasta primera hora de la
mañana, en la inevitable parada final del chocolate con churros de La Cruz, no
sé si el alcohol, el sueño o el susto de
“puño de acero “, o una mezcla de todo ello, el caso que algún despistado aún
preguntaba:
-Oye tío... ¿Cuándo se casa el Oso?
- ¿Qué se casa el Oso?... Joder no lo sabía.
- ¡¡¡Pero
si esta es su despedida!!!
- Ya, pero ni él debe saber cuándo, porque ni siquiera ha
venido.
- Bueno hacemos en un par de meses otra... Por si acaso.
Salva Jiménez

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